Durante
casi doscientos años no tenemos muchas noticias de contar.
La población se
estableció entre 200 y 300 habitantes y
la crisis demográfica del siglo XVII no afectó mucho al
pueblo. Seguramente su aislamiento y la economía de autoabastecimiento
impidieron que las grandes pestes hiciesen estragos entre la población.
Tampoco se nota una influencia negativa de la crisis generalizada y
de la carestía como en otros lugares donde sí hay relación entre las
alzas del precio del trigo y el descenso de la población, aunque el
tipo de subsistencia limitó el
crecimiento dada la escasez de recursos disponibles. Sin embargo un acontecimiento
en el lejano Euskadi iba a tener secuelas hasta en el pueblo de nuestro
relato. En agradecimiento por liberar la villa de Fuenterrabía
del asedio francés 1638 en el transcurso de la guerra de treinta
años, Felipe IV regaló al Conde-Duque de Olivares, Don
Gaspar de Guzmán, “la dicha villa de Aracena, con todas
sus aldeas, término y jurisdicción, que es el dicho partido
de Andalucía” (Pérez-Embid, p.266). De esta forma
se creó el
señorío de Aracena, luego convertido en principado de Aracena
bajo la casa de Altamira, que duró hasta su abolición por
las primeras cortes de Cádiz en 1812.
Aunque en teoría ese cambio no tenía que afectar mucho a la vida de la aldea, en la práctica significaba un mayor control y celo en la administración del señorío por parte del nuevo señor, lo que desembocaba en un aumento real de la presión fiscal. En consecuencia los 50 moradores de Castaño del Robledo hicieron un segundo intento de separación de Aracena alegando: “Oprimidos con muchas vejaciones que reciben de la justicia de la villa de Aracena, así en la cobranza de todas las contribuciones reales como de otras cosas particulares, cuyos motivos han ocasionado a muchos vecinos de esta dicha aldea a irse a vivir a la villa de Galaroza y otras circunvecinas, desamparando sus casa y haciendas. Y lo que más les molesta a ello son los administradores de las rentas reales y ejecutores que se despachan a la cobranza de sus débitos de la dicha villa de Aracena, que está distante tres leguas.” Según los datos de censo de los que disponemos, se ve un retroceso de la población que podría ser originado por la aducida emigración a Galaroza que era villa desde 1553 y a otros pueblos vecinos.
Dada la circunstancia que la corona estaba necesitada de dinero “para cubrir
parte de los grandes inescusables gastos que tubo en defensa de esta monarquía
y de nuestra Sagrada Religión por haberse obligado tanto contra ella” y
a causa de los déficit crónicos de los últimos Austrias,
esta
vez no hubo impedimento alguno y el día 27 de marzo de 1700 se llegó en
Madrid a un acuerdo entre los procuradores de la aldea y el príncipe de
Aracena que salvaguardaba los intereses a la vez del señor y de la villa
de Aracena. Los vecinos se comprometían a satisfacer a aquel la martiniega:
una canal de puerco de ocho arrobas con sus despojos el primer día de
pascua de navidad, en la casa en que resida el señor. Este les autoriza
solicitar hacerse villa “por sí y sobre sí” comprometiéndose
a nombrar en ella los mismos oficiales que en Aracena. La concesión del
privilegio requirió el pago de de 1.000 ducados de vellón, 20 por
cada uno de los 50 vecinos, y 9375 mrs. en concepto de media annata (la tercera
parte al contado, y los otro dos tercios en agosto y en navidad. La media annata
habría a volverse a pagar cada quince años.
El -> Privilegio de Villazgo <- se otorgó el 28 de abril y llegó a la nueva villa el día 7 de mayo. Al día siguiente fueron reunidas en la casa del concejalas personas propuestas por el Príncipe de Aracena para justicias del lugar: como alcaldes ordinarios Bartolomé Alonso Lozano y Juan González, como regidores Juan González Marcos y Alonso Martín el mayor, procurador general Marcos López, alcalde de la Hermandad Fabián Alonso, y padre de menores Alonso Martín. Ante el concurso de mucha gente que había sido llamada por el repique de las campanas se leyó la cédula real. Luego, tras tomar posesión de la cárcel los dos alcaldes mediante el simbólico prender del vecino José Núñez Castaño que soltaron luego, el comisionado puso horca con cuchillo de madera en el castañar “que da vista a esta villa”, y una picota en la plaza, por encima de la iglesia de Santiago.
Cuando Castaño del Robledo se convierte en villa "por sí y sobre sí", la dotan como a otros pueblos que se independizan de Aracena con un término municipal muy reducido, 1290 Has. Esto se debía en parte a que los habitantes de Castaño tenían todavía el derecho al uso de pastos y tierras comunes, aunque estaban fuera de su término municipal.